Archivos Mensuales: septiembre 2015

Etapa 9ª Desde #Rusia con #amor.

Así es, con amor. Porque Rusia me encanta. Me gusta todo, al menos lo que he visto hasta ahora. Y eso que está casi todos los días nublados y con lluvia intermitente. Y eso que para entrar me han solicitado un visado que luego han tardado dos semanas en dármelo. Y eso que para dármelo me han sacado del bolsillo cincuenta “pavos” pero de los “pavos” del día de acción de gracias, de los americanos. ¡Sí, sí!, que mucho “América, esto, América, lo otro, pero a mí dame dólares que mi moneda no sé yo”. Y eso que me he tenido que hacer un seguro de salud especial, un seguro al coche especial, un análisis a Luca especial y que luego ni me han pedido ni mirado. Parece mentira el tiempo que habré perdido buscando información (se encuentran tantas tonterías en Internet hoy en día…) y planificando detalles que luego no han servido para nada, y es más, que cuando se lo he comentado a la agente de aduanas al llegar a Rusia  me ha mirado extrañada, pensando para sus adentros: “¿De qué habla este? ¿Habrá fumado algo?”

Ella:- Que sí, que puedes ir a cualquier sitio de Rusia.

Yo: – ¡aaah vale!, es que en Iinterneeeeet dice que… -Y la de la aduana, hablándome  solo con la mirada: “Lárgate que se me están quitando las ganas de dejar entrar a un pesado como tú a mi hermosa Rusia.

Así que hay que ir con cuidado con lo que uno lee por ahí, que en Internet hay mucho miedoso. Y claro, el miedoso le busca las cinco patas al gato para no hacer lo que quiere hacer, lo que sabe que debe hacer, lo que siempre ha soñado hacer. Pero que le resulta más fácil “mirar los toros desde la barrera”. Frase muy española que indica a la perfección de lo que hablamos. Hay que tirarse a la piscina, mojarse los pies si quieres peces. Llorar para mamar, decirle a la chica que te gusta que es la chica más guapa del mundo, la mejor, ¡que digo! ¡La “más mejor”!  Que no hay otra igual, que te gustan sus virtudes, pero es que te gustan más su defectos, que al momento se convierten en virtudes. Atréverte a trabajar en ese sueño que siempre has tenido, a viajar a ese sitio que sale en la postal que tienes sobre la mesa de la oficina, o a esa playa paradisíaca que sale en el  póster pegado con blue-tack que tienes en la pared y que miras cuando necesitas evadirte de la vida, del trabajo, o de lo que sea que llevas aguantando, que aunque tiene un pase, no es lo que habías soñado. Míralo de este modo, eso ya lo tienes ganado. Y el que gana una vez, gana otras. Así que… ¿por qué no lanzarse al vacío sin paracaídas (metafóricamente hablado claro,  que puede haber  por ahí alguien muy motivado y no quiero responsabilidades) a intentar vivir tu sueño? ¿Qué tenemos que perder? ¡Ah si! un trabajo estable en tiempo de crisis… En tiempos de crisis hay que ser bueno y aceptar lo que se tiene porque hay gente que está peor que nosotros, así que a aguantar y a mirar al suelo. Pero tengo una noticia para ti. O,  mejor dicho, otra, y que no te dirán esas personas que quieren que sigas en el mismo sitio. ¿Sabes qué es ? ¿lo intuyes? Pues que también los hay que ¡están mejor! ¡Sííííí! ¡Pero que mucho mejor! Viven su sueño cada día. Lo intentaron y lo lograron. No sé si a la primera o la décima pero ahí están. No es mi caso aclaro, yo no lo he logrado aún… ¡Espera un momento! ¡Qué sí!, ¡qué lo he logrado!, es decir, no soy Callej el novio de mi amiga Ana Aranda, ni  Frank de la Jungla, y que tampoco quiero ser, ya que que el tío está más loco que yo, aunque sea un tío cojonudo, eso no lo niega nadie. Ni tampoco soy el Padawan – Ewan McGregor-, no sé si se escribe así. Pero oye, aquí me tienes, en Moscú, que ni sé como he llegado hasta aquí, sin un duro, con un coche “madurito”, a veces durmiendo en hoteles de lujo, si una buena alma me invita o en un hostel compartiendo habitación con otros viajeros, si no da para más o en el coche, junto a Luca en alguna gasolinera o bosque , los dos juntos calentitos y compitiendo a ver quién ronca más fuerte.

Hace una semana, solo una semana, había un cincuenta por ciento de posibilidades de que me tuviera que volver a España. Ahora las posibilidades son las mismas, nada ha cambiado en mi desorganizado viaje de fe y de salto al vacío. Con la pequeña excepción de que ya no estoy en Georgia, ahora ya estoy en Moscú.

Vista nocturna del Kremblin.

Vista nocturna del Kremblin.

Una ciudad que me tiene enamorado desde primer momento. Y es que tenemos tantos prejuicios a veces, que si los rusos esto, que los turcos lo otro, que los alemanes lo de más allá. Pero te digo una cosa: los rusos, al menos de momento, y ya me he cruzado unos cuantos con variopintas personalidades, edades y ciudades, son como los mallorquines o como los polinesios. Trátalos con amor y respeto y eso obtendrás. Incluso más si les das la oportunidad de hablarte de su historia de la que poco sabemos, solo que eran comunistas y que el jefe del Chelsea es un magnate del petróleo. Hay que ser más humilde y aquí me han dado una cura de humildad de las buenas, y estoy muy agradecido por ello, y agradecido a esa gente que me apoya de muchas formas  desde Mallorca, Ibiza, Argentina, Bilbao,  Londres, Uruguay, Perú, Estados Unidos, Canadá, Bulgaria, Filipinas, Brasil, Alemania, las islas Canarias, que es España pero son muy guapas y tienen mención especial. De Barcelona, de Madrid, seguro me dejo algunos. ¡Desde un barco! Mi amigo Dani y su novia Sandra que llevan años navegando y que creo que estaban hace unas semanas por Fiji. También están contentos de que al final diera el salto al vacío, del que siempre he tenido un cincuenta por ciento de posibilidades de seguir adelante y un cincuenta por ciento de volver atrás. Pero del que en realidad es ya, al menos para mí, un ciento por ciento de éxito por haber dado el salto y aprender todo lo que estoy  aprendiendo de lo que he vivido y que si me hubiera quedado no habría aprendido.

Músicos  en el metro de Moscú

Músicos en el metro de Moscú

Todo esto te lo digo por una sola razón, si yo puedo, puede todo el mundo.  ¡Salta ya! ¡Échale morro a la vida! Que la vida se va y no vuelve más.

 

Desde Rusia con amor, como James Bond.

Etapa 8ª – El día de la marmota y La odisea del visado Ruso…

La verdad que sí que me sentí como atrapado en el tiempo, como en aquella película de “El día de la marmota” con Bill Murray donde cada día se levanta a la misma hora y parece como atrapado en bucle que se repite día tras día y que no tiene fin. Cuando llegué a Georgia no me esperaba esto. Todo había ido tan bien para entrar que pensé que iría muy bien para salir. Pero no. Llegué el quince de agosto de madrugada, como para no perder la costumbre. Ahora  estamos a cuatro de septiembre y no fue hasta ayer que me dieron el visado ruso. En el anterior post hablaba de lo que había sido una llegada muy cómoda , y la estancia también lo fue , aunque se me hizo un poco larga. La primera semana la pasé en las montañas, aparcado a la orilla de un río y cambiando de lugar cada dos o tres días por variar un poco. Prácticamente leía y dormía. Eso no estaba mal, porque en Turquía apenas había dormdo y tenía horas de sueño atrasado. Además aún no estaba bien del estomago y me venía muy bien para recuperarme. Así que estuve ahí hasta que me recuperé completamente y ya bajé a Tiblisi, la capital de Georgia, para tramitar mi visado.

Luca y yo de camping en Ananuri. Georgia. Nos poníamos al día y hacíamos revisión general.

Luca y yo de camping en Ananuri, Georgia. Nos poníamos al día y hacíamos revisión general.

A orillas del lago, viendo pasar los primeros días

A orillas del lago, viendo pasar los primeros días

Iglesia de ananuri lago ananuri #enbuscadelaluz

Lo que pasó no me lo esperaba. Debido a un conflicto que tienen Georgia y Rusia, el consulado de Rusia estaba cerrado y por tener algo tienen habilitado un espacio en la embajada Suiza. Así que la gente estaba agolpada en la puerta intentado resolver sus papeles. La primera vez me explicaron todos los tramites necesarios para el visado, entre ellos una invitación de un hotel o agencia de reservas de Rusia, un seguro medico valido para Rusia, foto, un papel que había que rellenar online, imprimirlo y dárselo y ademas el análisis de anticuerpos de la rabia para Luca que por suerte ya había hecho en España y su pasaporte veterinario. Fotocopia del permiso de circulación, y algo más que ahora se me pasa. ¡Ah si! seguro especifico para el coche valido para Rusia. Vamos un rollo patatero para alguien como yo que no le agrada la burocracia. ¡Ah! eso sí, cincuenta dolares americanos para darte la visa, no les gusta mucho américa pero los dolares sí que son apreciados …

En el consulado Ruso esperando mi turno para hablar con el consul.

En el consulado Ruso esperando mi turno para hablar con el cónsul.

Mientras se tramitaba, el plazo es de unos cinco días hábiles, ya me quede en la ciudad, concretamente en el Fox-Hostel. Nunca había estado en uno. La verdad que estuvo genial la experiencia, justo el contraste de vivir solo en la montaña junto al río, o aquella vez que me alojé en Bulgaria en una habitación presidencial, todos tienen sus cosas buenas, pero eso ya lo había estado experimentado por el camino, así que tampoco me impresionó mucho. Además con Luca es más complicado relajarse porque si hay animales de granja que van pastando alegremente, este las mira con deseo y en cuanto tiene la oportunidad va con malas intenciones. Por decirlo de alguna manera, no parece muy vegano que digamos…

Aunque tengo que decir que las vacas no le tienen ningún miedo, más bien lo miran como diciendo, “mira al renacuajo este como quiere mordernos y no tiene ni media ostia…”, había algún toro que ya hasta lo miraba mal. Pero bueno, Luca ni se enteró. Si ve que tienen cuatro patas, hay que ir a por ellos. Un caso perdido. Con las ovejas igual , zorros, conejos , caballos, etc. Todo es susceptible de ser perseguido. Imagino que los genes le tiran mucho al pobre, y como yo no le dejo que la líe pues estaba un poco frustrado el chiquitín. Siempre le decía, “Luca, esas vacas tienen dueño. No puedes ir y comértelas porque luego van a venir los granjeros a darnos con un palo”. Pero como que le importaba un pimiento…, él quería vaca u oveja y nada de lo que le dijera iba a cambiar su parecer.

La perdición de Luca. EL perro que hacía algo más que mar a las vacas.

La perdición de Luca. EL perro que hacía algo más que mar a las vacas.

En la ciudad de Tiblisi ya fue diferente. Aquí no hay animales salvajes, solo perros callejeros, pero bastante majos, se tumban a la puerta de los supermercados a gorronear comida de una forma muy profesional. Pero aparte de eso cada uno tiene su parque o calle y hay algunos grupitos que van por ahí callejeando. Sin embargo, debo reconocer que Luca ha sido la estrella de este viaje. La gente me paraba por la calle preguntándome que raza era, o eso creo porque el georgiano solo lo entienden los georgianos. Otros desde la acera de enfrente gritaban: ¡súper Dog! ¡súper Dog! Había algunos que incluso saltaban al verlo, otros me paraban y me ofrecían dinero. En definitiva, intentaba siempre ir por sitios pocos transitados para que Luca no parara a cada rato a firmar autógrafos.

La súper estrella.

La súper estrella.

Finalmente me dieron el visado, después de cinco días hábiles como habían acordado. Aún no sé por qué el destino ha querido que me quedara aquí en Georgia durante quince días, si bien es cierto que necesitaba descansar y reponerme del problema estomacal que pillé en Turquía. Creo que con siete días habría sido suficiente. Lo bueno, que es con lo que hay que quedarse al fin y al cabo, es que nos hemos dado unos buenos paseos con Luca, he tenido tiempo de recuperarme bien y descansar, he vivido la experiencia de estar en un Hostel, algo importante creo ya que se aprende a convivir y a compartir de manera sencilla y es ¡muy económico! Los hay por unos cinco o diez euros diarios. No lo recomendaría para largas temporadas, pero para viajar por el mundo con un presupuesto justo y echar un par de noches está bien.

el día que me dieron el visado, estuve a punto de volver a España. si no me lo hubieran dado no habría quedado más remedio . Pero las cosas siempre suceden como deben suceder.

El día que me dieron el visado, estuve a punto de volver a España. Si no me lo hubieran dado no habría quedado más remedio. Pero las cosas siempre suceden como deben suceder.

Ahora mientras me tomo un café y me conciencio de que es momento de entrar en el país más grande del mundo, siento que este viaje es algo que debería hacer todo el mundo. No por las cosas bonitas que pueden verse y los buenos momentos, o por la gente que llegas a conocer, sino por como va influyendo en el carácter de forma positiva. Pienso que de alguna manera uno se va liberando de miedos y limitaciones, de prejuicios.  Se aprende a sobrevivir y a superar obstáculos, se aprende a depender de uno mismo y a ver que somos capaces de hacer cosas que no imaginábamos. También se aprende a ser más humilde. Sé que aún queda mucho camino, y que aún no se sabe seguro si podremos entrar en Rusia ya que la ultima decisión la tiene el personal de la frontera, pero lo que sí sé es que ya he ganado. He ganado el sentirme capaz de hacer cualquier cosa, de dar lo mejor que tengo dentro y de saber que no estoy solo aunque no tenga compañía, que  si el obstáculo se vuelve muy complicado solo debo pedir ayuda y continuar . En este mundo nadie está solo, siempre hay una mano amiga  dispuesta a ayudarte si la dejas.

 

 

 

7ª Etapa . #Erzurum, donde #Irán perdió y #Georgia ganó.

A la mañana siguiente me dirigí a Erzurum, la ciudad donde estaba la embajada Iraní y donde debería tramitar el visado para entrar en Irán. Ya antes de llegar vi coches militares blindados y puestos de control con alambre de espino y soldados a ambos lados de la carretera. Era evidente que ahí pasaba algo. Pero lo curioso era que cuando salías de las magníficas autopistas de pago de Turquía, en los pueblos y ciudades, solía haber patrullas armadas vigilando y poniendo orden.

Le pregunté a mi GPS dónde estaba la embajada de Irán, y me llevó a donde sabía que era un lugar erróneo. Así que en cuanto pude, aparqué para preguntar a algún vecino. Vi un sitio a la sombra pero parecía un carga y descarga, así que pregunté a un chico que estaba en una tienda si podía aparcar ahí un rato, mientras iba a la embajada de Irán, que debía estar por ahí cerca, pero no sabía dónde,. El chico me respondió que mejor al otro lado, pero al otro lado había sol y como viajo con Luca siempre tengo que tener en cuenta eso y buscar lugares con sombra mientras él se quedaba en el coche. Se lo expliqué y me dijo que ahí no estaba la embajada de Irán, que estaba en otro lado, y después de pensárselo unos segundos, me dijo que si quería que él me acompañaba. Hizo el ademán de entrar en mi coche, pero la verdad entre que Luca no deja entrar a nadie y el desastre que yo tenía montado, le dije que no podía ser, que si había otra opción. Entonces el chico me dijo que ningún problema, que él iba andando y que yo lo siguiera. Así lo hice. Y después de varias calles bajo un sol abrasador de la ciudad de Erzurum, aquel chico, que sudaba de lo lindo, me indicó que la embajada de Irán ahora se encontraba ahí. Me dispuse a sacar algún dinero de la cartera o algo porque al verlo sudar me sabía mal, y al menos quería invitarle a un café o refresco. Se lo ofrecí pero él dijo que no. Simplemente me dio un abrazo, y se fue tan feliz. Es increible, pensé, lo que es capaz de conseguir hacer las religiones en los hombres.

tractor adelantando y saludando

Allí, estaba pero había llegado cinco minutos después del cierre, así que me fui a tomar un café hasta el horario de tarde. Cuando fui por la tarde, el consulado seguía cerrado y me dijo un guardia que por la tarde no abrían aunque el horario pusiera que sí, por lo que me fui al coche a ver qué podía hacer y busqué más opciones. Me acordé de los camioneros que me recomendaron que fuera por Rusia y encontré que Georgia tenía un tratado de libre circulación para ciudadanos españoles por lo que no me lo pensé dos veces y me puse en marcha hacia allí.

Lo que apenas eran unos trescientos kilomentros se hicieron bastante largos. El camino que iba de la ciudad de Erzurum hasta Batumi en Georgia era una secuencia de curvas y túneles constantes. Creo que atravesé más de veinte túneles en plena noche y como estaban construyéndolos desde hacía poco, aún no estaban bien señalizados ni asfaltados, por lo que, sin darme cuenta e impresionado por esa obra de ingeniería para atravesar montaña, llegamos a la frontera con Georgia. Había un sin fin de camiones y coches. Eran pasadas las doce de la noche, pero aun así el tráfico era intenso. No sé cómo, pero al rato de hacer cola, me tocó la ventanilla donde había un hombre que me miraba extrañado. No creo que pasen españoles a esas horas todos los días, imagino. Cuando vio el pasaporte me preguntó que por qué estaba tan nuevo, algo que ya me habían preguntado en varios controles. Les contesté que es que no estaba acostumbrado a viajar y que además me saqué el pasaporte un par de semanas antes de salir de España y hasta llegar a Turquía apenas lo habían mirado.

 

Después de mirarme a mí y al coche y ver la cabeza de Luca asomando por atrás y poner cara de extrañado, hizo unas llamadas, colgó el teléfono y finalmente sonrió y me dijo, Welcome to Georgia! ¡Bienvenido a Georgia! Estaba encantado, había logrado salir de Turquía donde no terminaba de encontrarme a gusto y entrado en Georgia donde por ser español te recibían con una sonrisa, así que estaba exultante de emoción.

Lo primero que noté al entrar en Georgia fue el tremendo contraste entre un país y otro. Batumi, que es el paso fronterizo por el que entré, es conocido en la zona por las fiestas. Nada más entrar te encuentras un puesto de bebidas alcohólicas, un gran cartel que pone “Casino” y fiestas en las playas de la zona con chiringuitos tipo choza de madera ruinosa y luces de colores, todo muy cutre, muy improvisado. No sólo eso, también ves un montón de coches de policía como en las películas norteamericanas, con luces de colores y sin parar de ir de un lado a otro, gente por las calles medio o totalmente borrachas. “Igualito que en Punta Ballena”, pensé, “o El Arenal”. Pero después de venir de un país donde encontrar una cerveza era misión imposible, y donde a cuarenta grados las gente iba con pantalón largo, camisa de manga larga, burkas, zapatos, etc, el contraste era bastante grande.

Como no podía conducir mucho más, busqué una zona un poco apartada para seguir al día siguiente. Estaba muy oscuro y no veía nada. Para salir de Batumi, que estaba señalizado fatal, pregunté a uno de esos coches patrulla que me acompañaron muy gentilmente hasta la salida correcta y me mostraron el camino. He de decir que mientras me perdí por las calles de Batumi vi un poco de todo, desde un coche dado vuelta en medio de la carretera, a camiones abandonados a ambos lados de la carretera , y mucha gente borracha caminando sola. Un espectáculo dantesco que sin embargo no me molestaba, me resultaría familiar, quizás. No lo sé.

A la mañana siguiente la cosa cambió radicalmente. Esto de entrar en los países de noche es lo que tiene. Entras en el más absoluto desconocimiento de lo que vas a encontrar y al ver todo oscuro siempre sientes una extra sensación de… “¡Madre mía, dónde me he metido…!”

 

Nada más despertar pude ver que Georgia, en contraste con Turquía es muy verde. Me recordaba al trópico. No es que haya estado en el trópico, pero Georgia me daba una sensación de vieja colonia española, al estilo de Cuba, incluso la gente llevaba ropas llamativas, las casas parecían abandonadas u ocupadas, auténticas maniones de diseño que apenas se mantenían en pie pero todo con mucho orgullo. Daba la impresión de que los nuevos habitantes hacían lo posible por mantenerlas en condiciones habitables, aportándoles un toque de color.

En Gerogia desde Batumi hasta Tiblisi, la capital, todo era bastante rústico, un poco abandonado. Pero Tiblisi ya es otra cosa, vuelves a darte de bruces con la diferencia de clases en un mismo país. Lujosos coches, impresionantes edificios, monumentos preciosos, edificios de arquitectura singular pero impactante. La verdad es que era una auténtica ciudad europea. Debe de ser ese punto de Georgia que la hace estar en medio de todo, que la hace tener un poco de cada pais, pero realmente sus gentes, la naturaleza y la ciudad de Tiblisi como destino turistico me pareció algo muy interesnate para pasar una semana como turista.

 

Pero no es mi caso. Sólo fui a Tiblisi para tener conexión a Internet, comer algo y ver cómo podía ir al consulado ruso para hacerme el visado ruso y entrar en el país más grande del mundo. Así que me pongo a averiguar por Internet y vaya, se ve que Rusia y Georgia tienen problemas diplomáticos desde hace un tiempo y Georgia le ha cerrado la embajada y el consulado a Rusia en Tiblisi.

Pues nada, me planté en una rotonda de la capital y le pregunté a un agente de policía si era así. Me dijo que sí, que ya no había embajada y que tendría que ir a Suiza. Le dije que cómo que Suiza, todo esto en mi ingles – español, que eso está muy lejos, pero no me respondió. Se subió al coche y se fue. “Ya está”, pensé, “me voy a Rusia, y que Dios me ayude. A ver qué opciones me dan los rusos”. Conduje toda la tarde y al llegar al control de frontera un policía me dijo que la frontera estaba cortada hasta las cinco de la madrugada del día siguiente. Por lo que di media vuelta y en otra de esas noches cerradas busqué un lugar planito cerca de la frontera, y de repente empiezan a pasar muchos camiones.  Entonces los seguí y el policía me preguntó que qué hacía ahí de nuevo. Le dije que había visto camiones pasar y pensaba que habían abierto. Me dijo que no, y los camiones pasando, que me diera media vuelta y que vuelva mañana. Y nada, tampoco es cuestión de ponerse a discutir con un policía georgiano en inglés y fuera de tu país a las doce de la noche. Así que otra vez para arriba, monto la cama, a la que ya le voy pillando el tranquillo y cada vez lo hago más rápido y me puse a mirar que los camiones no paraban de pasar y que la noche estaba despejada y llena de estrellas. Intento hacerles fotos, pero no me quedaron como quería y me fijé en el espectáculo que era ver todos esos camiones atravesando la montaña con sus luces. Me acordé de mis amigos Artiz y Junior que han sido camioneros e  hice una foto a los camiones para mándarsela de recuerdo y en agradecimiento por los buenos consejos que me dieron para el viaje y para la idea de la cama del coche. Al rato, ya tuve la foto que quería y me fui a dormir. A la mañana siguiente no creía lo que veían mis ojos. Justo desde mi ventana se veía una cruz. Serían las seis o siete de la mañana. Abrí los ojos, observé por la ventanilla para ver dónde estaba y vi aquella cruz como dándome los buenos días. La verdad fue un momento especial. Decidí bajar y al parecer había otra más lejana, al final de un desfiladero, por lo que me acerqué y vi que había monedas. Debe de ser para pedir deseos digo yo. Entonces me acordé de una conversación muy intensa que tuve con mi hermana esa mañana a través de skype: ella en Argentina, sobre su hijo y sobrino Mateo, que es un niño muy especial, y que necesita atenciones especiales, y que ambos llegamos a un acuerdo de trabajar juntos para poder ayudar al peque para que pueda estar mejor. Así que cogí la moneda más grande que tenía, y la echo en el hueco de esa cruz, allí, entre la frontera de Georgia y Rusia, y pido que si puede ser le dé fuerzas a mi hermana para enfrentarse a este reto que seguro va a ser bueno para ella, para su hijo, y para todas las personas. Luego me acordé que traía unas piñas pequeñas que traje de Alemania y unas pipas que llevaba en el coche, así que ni corto ni perezoso las cogí y las puse también, no sé , creo que no solo de dinero vivirá este hombre de los cielos, y ya que estaba por ahí. iba a dejarle algo de comida y a decorarle un poco la cruz a ver si así estaba más contento.

Me senté cerca de la cruz y me puse a pensar en el viaje, en la conversación con mi hermana, en lo que estaría por venir y en ese sitio que era como mágico, y que cómo era posible que despertara justamente ahí. La verdad me emocioné y no pude evitar soltar algunas lágrimas.

Despúes vino una chica, que parecía que estaba acompañada por sus padres. Ella se acercó hasta donde yo estaba y me sonrió y yo la sonrreí, era un momento especial y no quería molestarla. Así que me fui detrás de Luca que andaba por ahí olisqueando y la dejé a ella con sus pensamientos. Pero en el momento del cruce de miradas hubo algo de luz que no olvidaré. Parecía como una virgen o algo así, no lo sé, pero sentí algo especial.

Luego se fue y ya no vi nada más. Me quedó sólo una sensación de agradecimiento por aquella experiencia que seguramente no sé expresar del todo bien.

#enbuscadelaluz

Así que, comido Luca, nos vamos a la frontera con Rusia. Después de más de cinco horas de cola nos toca a nosotros. Veíamos muy poco probable pasar pero lo intentamos igual, total, no teníamos nada que perder y quizás nos dieran alguna opción. Al parecer sólo una persona hablaba inglés en la frontera, por lo que tuvimos que esperar cinco minutos. Poco tiempo después de las cinco horas de cola, donde se colaban continuamente. Algo así como los “quillos” rusos creando hasta peleas.

Nos atendió finalmente una chica muy guapa y muy simpática rusa que nos dijo que no teníamos visado y que no podíamos entrar, Y le dije que ya lo sabía, que había venido porque en Georgia no había embajada rusa por el conflicto y que si me podían dar alguna solución. Me dijo que en la embajada suiza que está en Georgia en la ciudad de Tiblisi había un agregado de la embajada rusa al que le podría comentar esto y que posiblemente ahí obtendríamos el visado. Justo en ese momento me acordé del policía georgiano que me decía en su inglés que no era mejor que el mío que fuera a Suitzerland. Me reí un poco, le pedí disculpas a la chica y le expliqué lo del policía. Me dijo que lamentaba no poder hacer más y que tendría que ir a Tiblisi. Le dije que sin problema. Y aquí estamos. Eso sí, despues de pasar tres dias a la orilla de un río en Tsijivali entre árboles para recuperarnos un poco, revisar el coche, darle un buen baño a Luca, darme yo unos cuantos baños en el agua del río y prepararnos para ver si en esta ocasión sí podríamos cruzar la frontera.

 

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