7ª Etapa . #Erzurum, donde #Irán perdió y #Georgia ganó.

A la mañana siguiente me dirigí a Erzurum, la ciudad donde estaba la embajada Iraní y donde debería tramitar el visado para entrar en Irán. Ya antes de llegar vi coches militares blindados y puestos de control con alambre de espino y soldados a ambos lados de la carretera. Era evidente que ahí pasaba algo. Pero lo curioso era que cuando salías de las magníficas autopistas de pago de Turquía, en los pueblos y ciudades, solía haber patrullas armadas vigilando y poniendo orden.

Le pregunté a mi GPS dónde estaba la embajada de Irán, y me llevó a donde sabía que era un lugar erróneo. Así que en cuanto pude, aparqué para preguntar a algún vecino. Vi un sitio a la sombra pero parecía un carga y descarga, así que pregunté a un chico que estaba en una tienda si podía aparcar ahí un rato, mientras iba a la embajada de Irán, que debía estar por ahí cerca, pero no sabía dónde,. El chico me respondió que mejor al otro lado, pero al otro lado había sol y como viajo con Luca siempre tengo que tener en cuenta eso y buscar lugares con sombra mientras él se quedaba en el coche. Se lo expliqué y me dijo que ahí no estaba la embajada de Irán, que estaba en otro lado, y después de pensárselo unos segundos, me dijo que si quería que él me acompañaba. Hizo el ademán de entrar en mi coche, pero la verdad entre que Luca no deja entrar a nadie y el desastre que yo tenía montado, le dije que no podía ser, que si había otra opción. Entonces el chico me dijo que ningún problema, que él iba andando y que yo lo siguiera. Así lo hice. Y después de varias calles bajo un sol abrasador de la ciudad de Erzurum, aquel chico, que sudaba de lo lindo, me indicó que la embajada de Irán ahora se encontraba ahí. Me dispuse a sacar algún dinero de la cartera o algo porque al verlo sudar me sabía mal, y al menos quería invitarle a un café o refresco. Se lo ofrecí pero él dijo que no. Simplemente me dio un abrazo, y se fue tan feliz. Es increible, pensé, lo que es capaz de conseguir hacer las religiones en los hombres.

tractor adelantando y saludando

Allí, estaba pero había llegado cinco minutos después del cierre, así que me fui a tomar un café hasta el horario de tarde. Cuando fui por la tarde, el consulado seguía cerrado y me dijo un guardia que por la tarde no abrían aunque el horario pusiera que sí, por lo que me fui al coche a ver qué podía hacer y busqué más opciones. Me acordé de los camioneros que me recomendaron que fuera por Rusia y encontré que Georgia tenía un tratado de libre circulación para ciudadanos españoles por lo que no me lo pensé dos veces y me puse en marcha hacia allí.

Lo que apenas eran unos trescientos kilomentros se hicieron bastante largos. El camino que iba de la ciudad de Erzurum hasta Batumi en Georgia era una secuencia de curvas y túneles constantes. Creo que atravesé más de veinte túneles en plena noche y como estaban construyéndolos desde hacía poco, aún no estaban bien señalizados ni asfaltados, por lo que, sin darme cuenta e impresionado por esa obra de ingeniería para atravesar montaña, llegamos a la frontera con Georgia. Había un sin fin de camiones y coches. Eran pasadas las doce de la noche, pero aun así el tráfico era intenso. No sé cómo, pero al rato de hacer cola, me tocó la ventanilla donde había un hombre que me miraba extrañado. No creo que pasen españoles a esas horas todos los días, imagino. Cuando vio el pasaporte me preguntó que por qué estaba tan nuevo, algo que ya me habían preguntado en varios controles. Les contesté que es que no estaba acostumbrado a viajar y que además me saqué el pasaporte un par de semanas antes de salir de España y hasta llegar a Turquía apenas lo habían mirado.

 

Después de mirarme a mí y al coche y ver la cabeza de Luca asomando por atrás y poner cara de extrañado, hizo unas llamadas, colgó el teléfono y finalmente sonrió y me dijo, Welcome to Georgia! ¡Bienvenido a Georgia! Estaba encantado, había logrado salir de Turquía donde no terminaba de encontrarme a gusto y entrado en Georgia donde por ser español te recibían con una sonrisa, así que estaba exultante de emoción.

Lo primero que noté al entrar en Georgia fue el tremendo contraste entre un país y otro. Batumi, que es el paso fronterizo por el que entré, es conocido en la zona por las fiestas. Nada más entrar te encuentras un puesto de bebidas alcohólicas, un gran cartel que pone “Casino” y fiestas en las playas de la zona con chiringuitos tipo choza de madera ruinosa y luces de colores, todo muy cutre, muy improvisado. No sólo eso, también ves un montón de coches de policía como en las películas norteamericanas, con luces de colores y sin parar de ir de un lado a otro, gente por las calles medio o totalmente borrachas. “Igualito que en Punta Ballena”, pensé, “o El Arenal”. Pero después de venir de un país donde encontrar una cerveza era misión imposible, y donde a cuarenta grados las gente iba con pantalón largo, camisa de manga larga, burkas, zapatos, etc, el contraste era bastante grande.

Como no podía conducir mucho más, busqué una zona un poco apartada para seguir al día siguiente. Estaba muy oscuro y no veía nada. Para salir de Batumi, que estaba señalizado fatal, pregunté a uno de esos coches patrulla que me acompañaron muy gentilmente hasta la salida correcta y me mostraron el camino. He de decir que mientras me perdí por las calles de Batumi vi un poco de todo, desde un coche dado vuelta en medio de la carretera, a camiones abandonados a ambos lados de la carretera , y mucha gente borracha caminando sola. Un espectáculo dantesco que sin embargo no me molestaba, me resultaría familiar, quizás. No lo sé.

A la mañana siguiente la cosa cambió radicalmente. Esto de entrar en los países de noche es lo que tiene. Entras en el más absoluto desconocimiento de lo que vas a encontrar y al ver todo oscuro siempre sientes una extra sensación de… “¡Madre mía, dónde me he metido…!”

 

Nada más despertar pude ver que Georgia, en contraste con Turquía es muy verde. Me recordaba al trópico. No es que haya estado en el trópico, pero Georgia me daba una sensación de vieja colonia española, al estilo de Cuba, incluso la gente llevaba ropas llamativas, las casas parecían abandonadas u ocupadas, auténticas maniones de diseño que apenas se mantenían en pie pero todo con mucho orgullo. Daba la impresión de que los nuevos habitantes hacían lo posible por mantenerlas en condiciones habitables, aportándoles un toque de color.

En Gerogia desde Batumi hasta Tiblisi, la capital, todo era bastante rústico, un poco abandonado. Pero Tiblisi ya es otra cosa, vuelves a darte de bruces con la diferencia de clases en un mismo país. Lujosos coches, impresionantes edificios, monumentos preciosos, edificios de arquitectura singular pero impactante. La verdad es que era una auténtica ciudad europea. Debe de ser ese punto de Georgia que la hace estar en medio de todo, que la hace tener un poco de cada pais, pero realmente sus gentes, la naturaleza y la ciudad de Tiblisi como destino turistico me pareció algo muy interesnate para pasar una semana como turista.

 

Pero no es mi caso. Sólo fui a Tiblisi para tener conexión a Internet, comer algo y ver cómo podía ir al consulado ruso para hacerme el visado ruso y entrar en el país más grande del mundo. Así que me pongo a averiguar por Internet y vaya, se ve que Rusia y Georgia tienen problemas diplomáticos desde hace un tiempo y Georgia le ha cerrado la embajada y el consulado a Rusia en Tiblisi.

Pues nada, me planté en una rotonda de la capital y le pregunté a un agente de policía si era así. Me dijo que sí, que ya no había embajada y que tendría que ir a Suiza. Le dije que cómo que Suiza, todo esto en mi ingles – español, que eso está muy lejos, pero no me respondió. Se subió al coche y se fue. “Ya está”, pensé, “me voy a Rusia, y que Dios me ayude. A ver qué opciones me dan los rusos”. Conduje toda la tarde y al llegar al control de frontera un policía me dijo que la frontera estaba cortada hasta las cinco de la madrugada del día siguiente. Por lo que di media vuelta y en otra de esas noches cerradas busqué un lugar planito cerca de la frontera, y de repente empiezan a pasar muchos camiones.  Entonces los seguí y el policía me preguntó que qué hacía ahí de nuevo. Le dije que había visto camiones pasar y pensaba que habían abierto. Me dijo que no, y los camiones pasando, que me diera media vuelta y que vuelva mañana. Y nada, tampoco es cuestión de ponerse a discutir con un policía georgiano en inglés y fuera de tu país a las doce de la noche. Así que otra vez para arriba, monto la cama, a la que ya le voy pillando el tranquillo y cada vez lo hago más rápido y me puse a mirar que los camiones no paraban de pasar y que la noche estaba despejada y llena de estrellas. Intento hacerles fotos, pero no me quedaron como quería y me fijé en el espectáculo que era ver todos esos camiones atravesando la montaña con sus luces. Me acordé de mis amigos Artiz y Junior que han sido camioneros e  hice una foto a los camiones para mándarsela de recuerdo y en agradecimiento por los buenos consejos que me dieron para el viaje y para la idea de la cama del coche. Al rato, ya tuve la foto que quería y me fui a dormir. A la mañana siguiente no creía lo que veían mis ojos. Justo desde mi ventana se veía una cruz. Serían las seis o siete de la mañana. Abrí los ojos, observé por la ventanilla para ver dónde estaba y vi aquella cruz como dándome los buenos días. La verdad fue un momento especial. Decidí bajar y al parecer había otra más lejana, al final de un desfiladero, por lo que me acerqué y vi que había monedas. Debe de ser para pedir deseos digo yo. Entonces me acordé de una conversación muy intensa que tuve con mi hermana esa mañana a través de skype: ella en Argentina, sobre su hijo y sobrino Mateo, que es un niño muy especial, y que necesita atenciones especiales, y que ambos llegamos a un acuerdo de trabajar juntos para poder ayudar al peque para que pueda estar mejor. Así que cogí la moneda más grande que tenía, y la echo en el hueco de esa cruz, allí, entre la frontera de Georgia y Rusia, y pido que si puede ser le dé fuerzas a mi hermana para enfrentarse a este reto que seguro va a ser bueno para ella, para su hijo, y para todas las personas. Luego me acordé que traía unas piñas pequeñas que traje de Alemania y unas pipas que llevaba en el coche, así que ni corto ni perezoso las cogí y las puse también, no sé , creo que no solo de dinero vivirá este hombre de los cielos, y ya que estaba por ahí. iba a dejarle algo de comida y a decorarle un poco la cruz a ver si así estaba más contento.

Me senté cerca de la cruz y me puse a pensar en el viaje, en la conversación con mi hermana, en lo que estaría por venir y en ese sitio que era como mágico, y que cómo era posible que despertara justamente ahí. La verdad me emocioné y no pude evitar soltar algunas lágrimas.

Despúes vino una chica, que parecía que estaba acompañada por sus padres. Ella se acercó hasta donde yo estaba y me sonrió y yo la sonrreí, era un momento especial y no quería molestarla. Así que me fui detrás de Luca que andaba por ahí olisqueando y la dejé a ella con sus pensamientos. Pero en el momento del cruce de miradas hubo algo de luz que no olvidaré. Parecía como una virgen o algo así, no lo sé, pero sentí algo especial.

Luego se fue y ya no vi nada más. Me quedó sólo una sensación de agradecimiento por aquella experiencia que seguramente no sé expresar del todo bien.

#enbuscadelaluz

Así que, comido Luca, nos vamos a la frontera con Rusia. Después de más de cinco horas de cola nos toca a nosotros. Veíamos muy poco probable pasar pero lo intentamos igual, total, no teníamos nada que perder y quizás nos dieran alguna opción. Al parecer sólo una persona hablaba inglés en la frontera, por lo que tuvimos que esperar cinco minutos. Poco tiempo después de las cinco horas de cola, donde se colaban continuamente. Algo así como los “quillos” rusos creando hasta peleas.

Nos atendió finalmente una chica muy guapa y muy simpática rusa que nos dijo que no teníamos visado y que no podíamos entrar, Y le dije que ya lo sabía, que había venido porque en Georgia no había embajada rusa por el conflicto y que si me podían dar alguna solución. Me dijo que en la embajada suiza que está en Georgia en la ciudad de Tiblisi había un agregado de la embajada rusa al que le podría comentar esto y que posiblemente ahí obtendríamos el visado. Justo en ese momento me acordé del policía georgiano que me decía en su inglés que no era mejor que el mío que fuera a Suitzerland. Me reí un poco, le pedí disculpas a la chica y le expliqué lo del policía. Me dijo que lamentaba no poder hacer más y que tendría que ir a Tiblisi. Le dije que sin problema. Y aquí estamos. Eso sí, despues de pasar tres dias a la orilla de un río en Tsijivali entre árboles para recuperarnos un poco, revisar el coche, darle un buen baño a Luca, darme yo unos cuantos baños en el agua del río y prepararnos para ver si en esta ocasión sí podríamos cruzar la frontera.

 

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Acerca de Mauricio Peralta Menta

Viajando por el mundo mientras realizo un documental llamado En Busca De La Luz .

Publicado el septiembre 4, 2015 en Blog. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. ¡¡Mucho ruso en Rusia!!!
    😉

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